No es cierto que sea difícil probar un adulterio. Para ello solo es necesario llevar a un tribunal las pruebas necesarias que hagan que una persona común piense que es más probable que improbable que haya existido dicha infidelidad.
Por otra parte, probar algo en un tribunal no requiere de pruebas directas que no dejen ninguna duda sobre lo alegado (como fotos o vídeos de los actos de infidelidad). La infidelidad puede también probarse por “pruebas circunstanciales”, es decir, pruebas que aunque no prueben directamente el acto de infidelidad, lleven razonablemente a pensar a una persona común que la infidelidad sí se cometió.




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