Mi experiencia estudiando derecho II

por: Eugenio Martínez Rodríguez

Luego de varios angustiosos meses de espera por la respuesta, finalmente, mientras trabajaba, me llegó un correo electrónico con la respuesta  ante mi solicitud:

¡Enhorabuena! Tu solicitud de admisión a nuestra escuela fue aceptada.  Es un placer extenderte admisión a la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico para iniciar estudios en agosto de 2008.  ¡Bienvenido a la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico!

Todavía guardó el “email”, y hasta tenía una versión impresa colgada en una pared. En un principio, ni si quiera pensaba solicitar a esa institución, pues eran muchos los rumores que escuchaba sobre lo difícil y casi imposible que era ser aceptado (“si no tienes una palanca allá adentró, no hay break”, escuché varias veces), y aunque tenía un promedio de Magna Cum Laude eso no era de por sí suficiente para competir con la enorme cantidad de estudiantes competentes que solicitan y que, para empezar tenían los 4.00 que yo no tenía. Como si fuera poco, muchos de los que solicitan provienen de Universidades élites de Estados Unidos, por lo tendrían un dominio del inglés mucho más desarrollado que el mío, lo que seguramente les daría una gran ventaja sobre mi en el examen de admisión a escuelas de derecho, que se ofrece en inglés. Pero, al fin y al cabo, entendí que no tiene mucho sentido rendirse antes de haber empezado, y bueno, finalmente no fui parte de ese alrededor de 65% de solicitantes que fueron rechazados.

Primeras impresiones sobre la Escuela de Derecho

La Escuela nos citó desde el verano para tomar unas orientaciones y cursos introductorios antes de empezar el Juris Doctor. Aunque ya el gran mito de que no era posible entrar sin una conexión interna había sido derrotado con mi admisión, aún veía la institución como un misterioso monstruo al que había que acercarse con cautela. Y no era el único. La muchacha que se sentó al lado mío ese día de la primera orientación me dijo algo parecido, “ojalá la gente aquí no sea como se comenta, así como bien ‘high class’ “.

La realidad fue que, como suelen ser los mitos, había algo de verdad y algo de mentira o exageración. Es muy cierto que la población estudiantil de la Escuela para nada era representativa de la población del país; los egresados de Yale, Harvard o MIT no son raros (la administración de la Escuela presume de ello) , tampoco los Mercedes y BMW en el estacionamiento, ni los hijos de miembros del gabinete del gobierno de turno, o del juez tal o el empresario aquel. Pero tampoco eran marcianos. Como decía un compañero de clases, “hay que matizar”. Encontré gente buena y gente mala, pero en general son más las primeras que las segundas. De hecho, es incluso sorprendente como estas mismas personas de estratos sociales altos se involucraban activamente en iniciativas que buscaban contrarrestar la hegemonía de su clase social (afirmación muy discutible, lo sé) . Un Proyecto Pro Bono llamado ENLACE, por ejemplo, daba charlas y orientaciones en escuelas públicas para que más estudiantes de sectores bajos se interesaran en una carrera jurídica, y tal iniciativa era apoyada por estudiantes de diversos orígenes, incluyendo miembros de clases acomodadas.

El trauma de las notas

A nivel acádemico también se derrumbaron algunas cosas, pero no en un sentido positivo como el de los mitos. Se derrumbó mi promedio por ejemplo. Jamás pensé ver C’s y hasta una D en mi hoja de notas, pero allí estaban. Aquello fue un verdadero trauma, al punto que comencé a pensar si realmente daba el grado para aquellas clases, porque la realidad fue que no hice otra cosa que estudiar aquel semestre, pero aún así los resultados fueron desastrosos. Y entonces, otro mito llegó a mi oído: “el filtro”.

El filtro

“Aquí ponen las peores clases y los peores profesores el primer año, especialmente el primer semestre para que muchos estudiantes se quiten”, me dijeron varias personas. Inclusó una orientadora me dijo que sacar C’s el primer semestre era “normal”. La historia tenía mucho sentido y coherencia, excepto por el hecho de que no todos estaban así: había no pocas personas con promedios entre 3.50 y 4.00 que hasta hacían bromas, café en mano, de lo fácil que encontraron todo. “Deben ser genios”, pensaba yo. Aún sigo pensando que muchos de ellos lo son, pero la realidad era que el supuesto sistema aleatorio de asignación de clases había creado dos principales grupos de estudiantes cuyos profesores eran de lo más diferente que puede existir. Los mios eran asesinos en serie (no me pidan que deje la autocompasión porque no lo voy a hacer) , mientras que otros eran más fáciles que recitar una bomba de las de “ayer pasé por tu casa”. Triste realidad esa de los profesores “fáciles” y profesores “que te clavan”: en realidad no puede ser más obvio el hecho de que hace falta con urgencia un sistema uniforme de evaluación de estudiantes, que brinde a todos igualdad de condiciones en vez de una “lotería” académica. De hecho, lamentablemente esos profesores “que te clavan” son los que mejores enseñan, por lo que frecuentemente hay que escoger entre aprender y tener un buen promedio.

Redención

Para el segundo semestre, por primera vez, podíamos escoger nuestros profesores, y yo me matriculé en varios de esos “que te clavan”. Me gustaría decir que hice eso por una firme convicción de que es mejor aprender que tener un buen promedio, pero la realidad es que ese día de la matrícula me levanté tarde y “los que te clavan” eran los únicos que quedaban disponibles. Pero fue lo mejor que pudo pasar. Aprendí un montón durante el semestre y cerré el mismo con un pequeño milagro: notas de A’s y B’s. Incluso en una clase de cómo 70 estudiantes, con uno de esos profesores de fama de asesinos en serie, fui la séptima nota más alta, por lo que comenzé a sentirme un tanto diferente, al principio no sabía que era pero luego lo supe: era el retorno de mi autoestima.

Bueno, ya esta entrada está muy larga, y no era la idea. En febrero probablemente vaya a Chile a estudiar por un semestre, así que ya veremos como me va. No sé que poner como conclusion para esta reflexión, y supongo que es porque aún no hay ninguna. Así que dejaré el texto así como en el aire. Ya despues iré añadiendo más partes.

Categorías: Memorias
Actualizado enero 28, 2010 | Log in

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8 Comentarios

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  1. Myrisa comentó:

    Me alegro vayas un tiempo a Chile y participes de otra experiencia académica y puedas comparar.

    enero 19, 2010 @ 10:18 am
  2. Eugenio comentó:

    Sí, eso es lo mejor. Es algo que quería hacer desde el bachillerato, pero no pude por complicaciones de salud.

    enero 21, 2010 @ 9:05 am
  3. Javier comentó:

    Me gusto tu modo de ralatar tus experiencias, hasta animo me dio. Lo digo por que tengo 37 años y me gustaria entrar a la escuela de derecho, siempre habia tenido esa ilusion y pasion por el derecho, pero la gente “metia tanto miedo” que añadiendole que no trate de entrar antes por que tenia que trabajar, pues nunca lo intente. Me gustaria saber la opinion de algunos de ustedes sobre si estudiar derecho a los 37 años es muy tarde, ya que saldria con una deuda bastante alta, ya cumpliendo 40. Yo pensando y para darme animos tambien, que aun terminando a los 40, podria ejercer la abogacia por unos 20 o 25 años mas, ya que vivo una vida saludable y sana. Que piensan ustedes sobre estudiar derecho a esta edad?
    me gustaria saber su opinion, sea alentadora o no.

    enero 23, 2010 @ 1:23 am
  4. Eugenio Martínez Rodríguez comentó:

    Hola Javier

    Personas de tu edad en la Escuela de Derecho son minoría, pero tampoco son raras, especialmente en horario nocturno. Cada vez es más común ver personas que no son recien graduadas estudiar derecho. Si ya tienes el bachillerato, no le veo ningún impedimento, quizás hasta vayas con ventaja. Eso sí, trabajar a tiempo completo y estudiar derecho es muy duro, y más allá del horario nocturno no habrá consideraciones especiales por ello (se suele decir que, trabajes o no trabajes, estudiar derecho simepre es una tarea a tiempo completo). Pero ya otros lo han hecho, y otros lo están haciendo, por lo que es posible.

    enero 23, 2010 @ 8:25 pm
  5. Orlando Cora comentó:

    El derecho siempre ha sido mi pasiòn, desde niño me gustaba ver las peliculas con escenas en las cortes, en la decada del 90 comenze a estudiar Paralegal en la universidad del este. Me gustaba mucho las clases y saque buenas notas, hasta hice la practica en un bufete, pero no lo termine por diferentes razones, me faltan pocos creditos. Pero el destino da muchas vueltas, funde mi propia firma de servicios paralegales, en donde hago emplazamientos, investigaciones de titulo entre otros. Ademas trabajo con la AAA por 22 años, el años pasado me despidieron y radique una demanda por derecho propio contra ellos, ya se vio una vista y el caso no ha sido desestimado, y los mas increible estoy litigando solito contra todo un bufete. O sea creo que logre mi sueño de todos modos.

    febrero 6, 2010 @ 1:29 pm
  6. Eugenio Martínez Rodríguez comentó:

    Orlando

    Gracias por compartir tu experiencia, muy interesante.

    febrero 9, 2010 @ 7:40 pm
  7. Alfonso comentó:

    Excelente post!

    Algo así quería leer ( o escuchar) desde hace tiempo. Estoy en el proceso de solicitud para UPR - Derecho (nocturno). Mi mayor preocupación es esa ; estudiar de noche! Soy ingeniero y trabajo full-time. Ah! les conté que me voy a casar pronto? Me parece que el gran reto es la organización y la distribución del tiempo.

    Dedos cruzados, esperamos respuesta de UPR =s

    Hasta luego,

    febrero 11, 2010 @ 11:05 pm
  8. Eugenio Martínez Rodríguez comentó:

    Hola Alfonso

    Exacto, el administración del tiempo es fundamental. ¡Hay personas que están horas enteras quejándose de que el tiempo no le da! Mucho éxito con lo de la admisión.

    febrero 12, 2010 @ 4:40 pm

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