Mi experiencia estudiando derecho I
por: Eugenio Martínez Rodríguez
Pensé que sería bueno comenzar el 2009 con una reflexión sobre mi experiencia como estudiante de derecho en este último año y medio. Esta entrada tratará del “feedback” (retroalimentación, rebote, etc.) que recibí de las personas que me rodean ante mi decisión de estudiar derecho.
Entorno familiar
Ni mi familia paterna ni la materna han tenido mucha experiencia universitaria. Cuando comencé a estudiar el bachillerato, por ejemplo, aún nadie se había graduado de ese nivel. Cuando terminé dicho grado, apenas dos de mis primas en Estados Unidos habían logrado graduarse, mientras que de la parte de la familia que estaba en Puerto Rico yo había sido el primero. El solo hecho de tener un bachillerato ya era un gran logro, por lo que haber sido aceptado para estudiar derecho en la Universidad de Puerto Rico parecía una cosa de otro mundo. En cierto sentido, casi era un anuncio de la inminencia de una movilización social sin precedentes, esa que iba en dirección al prestigioso y desconocido mundo de “doctores y abogados”. (Y es que, según creo, para las personas de clase baja alta (o trabajadora) y media baja, el tope imaginable del estrato social lo esa clase media alta, que son el tipo de personas de estratos más elevados a la que se tiene contácto, pues ya lo de clase alta baja y alta alta solo se le percibe por televisión).
En fin, en mi familia el hecho de estudiar derecho, además de una perfecta oportunidad para improvisar el chiste de “que bueno, porque estudiar virado sería complicado”, era motivo de orgullo (basado en ciertas concepciones exgaeradas producto de la distancia y el desconocimiento) , y en cierto sentido una novedad. Pero, como solia pasar en otras cosas, exactamente la reacción contraria encontré entre amistades y conocidos de la Universidad.
Estudiar derecho no es cool
“Hello? ¡Todo el mundo quiere estudiar derecho!”, me dijo una amiga una vez para darme a entender lo aburrido que había sido mi contestación sobre qué haría después de graduarme de bachillerato.En esa misma actitud muchos amigos y conocidos decidieron explorar áreas como sociología, lingüística, literatura inglesa, semiótica, estudios culturales, entre otros. “Es para estudiar algo diferente, no lo mismo de siempre”, me dijo un amigo que estudiaría en España. A mi me parece algo infantil querer definirte a base de distinguirte de los demás. Un área de estudio no me parece menos o más interesante según el interés se suscite en otros.
Claro, hay gente que odia libros, canciones y películas, no por su calidad o falta de ella, sino por que les gusta a la mayoría, son “mainstream”, y ellos no quieren tener muchas cosas en común con las masas. Yo no soy así. A mi me gustan muchas cosas que solo le gustan a un puñado de personas, pero no tengo un interés de activamente buscar ser así: si algo me interesa no dejará de parecerme interesante porque a la mayoría también le interese, y tampoco es algo que me avergüence.
Hay demasiados abogados
Otro comentario/queja/crítica/preocupación constante que escuchaba y escucho de muchas personas al enterarse de mi interés por el Derecho se expresa mediante la frase del intertítulo anterior: “hay demasiados abogados” en Puerto Rico. En realidad esto es algo que se repite de país en país, parece haber una preocupación general por una supuesta sobrepoblación de abogados versus la necesidad de otros profesionales, particularmente científicos e ingenieros.
A mi una persona una vez me explicaba que “hacen falta doctores, psicólogos, ingenieros, trabajadores sociales, productores” y muchos otros profesionales, pero definitivamente no más abogados.
En primer lugar, esto se contesta con lo mismo de lo anterior: lo que debe definir a que uno finalmente se dedicará son nuestros propios intereses. Ese colectivismo que se expresa en la queja de que hay demasiados abogados, como queriendo decir se debe definir el futuro individual nuestro a base de las necesidades del colectivo me parece demasiado dictatorial. Si la sociedad, como colectivo, tiene un interés en fomentar unas áreas, pues como colectivo debe proveer los incentivos para que se produzca un interés a nivel individual en los estudiantes, pero me parece ilegítimo tratar de convencer a los individuos de que sacrifiquen su interés en bienestar del supuesto interés del colectivo.
Por otro lado, el hecho de que hayan muchos abogados, contrario a lo que piensan los que señalan esto, no es algo que deba preocupar a la sociedad en general, al contrario. Es una norma básica de Economía que ante un aumento de oferta, los precios bajan, y aplicando tal principio al tema que nos ocupa, entre más abogados hayan más accesibles TIENEN que convertirse los servicios que estos ofrecen económicamente hablando. Por tal razón, a quienes único les debe preocupar el que hayan “demasiados abogados” es a los mismos abogados, ya que un aumento en sus filas redundará en más competencia, precios más bajos, y más perdida de prestigio y exclusividad en el gremio. Pero, ¿el “demasiados abogados” como un mal social? No tiene sentido. (Claro, hay ciertas personas que tienen un prejuicio impresionante que postula que todos los problemas del mundo se deben a los abogados. Dentro de esa teoría que simplifica los males del mundo ante una causa, pues quizás sí sea coherente el postular el “demasiados abogados” como mal social).Pero aún teniendo sentido la queja, pueden tacharlo de egoista o individualista, y quizás lo sea (no veo nada mal con ello si no se lleva al extremo), pero, de nuevo, no es a base de intereses colectivos que pienso que alguien debería definir su vida. Me pregunto si todas esas personas que repiten esta queja hicieron un profundo análisis de las necesidades sociales de sus tiempos a la hora de decidir su oficio.
En la próxima entrada escribiré sobre mi experiencia en la Escuela de Derecho.
Categorías: Reflexiones
Actualizado enero 28, 2010 | Log in
...






Hay muchos abogados. No hay muchos abogados buenos y de vocación. Si lo que te apasiona es el Derecho, entonces estás en el lugar correcto. El problema es a veces, que la sobrevaloración de profesiones o su control de puntos estratégicos en la sociedad, produce una sobrepoblación imantada por el prospecto de la movilidad social. El problema, creo, es que no se justiprecien otras profesiones y ello cree deficiencias en áreas importantes de la actividad económica y social.
Es cierto que en PR, muchos profesionales terminan en Derecho para asegurarse un futuro económico q. no encuentran en su vocación. Otros emigran.
LOL. Tengo que diferir sobre los beneficios de la sobreoferta. El precio de los servicios legales no se muestra tan elástico a la demanda.
Hola Myrisa
Elásticos tal vez no sean, pero inmunes a la dinámica de oferta y demanda tampoco son. Ya con los notarios se llegó a aprovar una ley para establecer un mínimo de 1% en escrituras públicas, presisamente porque las instituciones financieras regateaban el precio de los servicios notariales.