Ortiz Candelario v. Comisión Industrial 90 DPR 387 (1964)

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Carlos Ortiz Candelario, recurrente
v.
Comisión Industrial de Puerto Rico, etc., demandada; Fondo del Seguro del Estado, interventor.
Número: CI-62-22
Resuelto: 15 de mayo de 1964

En El Tribunal Supremo De Puerto Rico.
Recurso de Revisión contra Resolución de la Comisión Industrial. Revocada la resolución recurrida, y se dicta sentencia declarando compensable la incapacidad del recurrente.

José Ramón Freyre Montero, abogado del recurrente; Donald R. Dexter, Miguel A. Guzmán Soto, Carmen Ana Archeval, y José R. Martínez, abogados del Administrador del Fondo del Seguro del Estado.

**1 Sala integrada por el Juez Asociado Señor Belaval como Presidente de Sala y los Jueces Asociados Señores Hernández Matos y Santana Becerra.

El Juez Asociado Señor Santana Becerra emitió la opinión del Tribunal.

El recurrente Carlos Ortiz Candelario es un obrero que llevaba 33 años trabajando para la Central Aguirre, los últimos 12 como capataz de riego. En este empleo atendía el riego de agua en las piezas de caña, abría y cerraba compuertas, se ocupaba de anotar a los trabajadores y de ordinario cargaba una pala de cabo largo para alguna labor de limpieza en el riego. El 21 de marzo de 1959, día sábado, los cortadores de caña no se presentaron al trabajo. Por órdenes superiores ante lo que parecía ser o era una *390 emergencia, los capataces de riego y entre ellos el recurrente fueron movidos de su trabajo habitual y se les puso a cortar caña. Nunca antes de ese día el recurrente había hecho esta labor ni el corte de caña era parte de su empleo. Cortó caña desde las 9 de la mañana y ya al finalizar la jornada de trabajo en la tarde presentaba entre sus dedos índice y pulgar de la mano derecha una vejiga o ampolla causada por el machete que se le reventó en sangre. Sangraba mucho y se presentó a su superior inmediato en ese momento, el capataz del corte de caña. Éste le vendó la mano con un pañuelo y le dijo que se fuera a informar a la oficina. El récord no demuestra que se tomara alguna acción ese día. Al comenzar su trabajo el próximo día laborable el recurrente informó el caso a su jefe habitual, el mayordomo de riego. Este señor resolvió que lo que tenía allí el obrero carecía de importancia y le ordenó que siguiera trabajando, que el trabajo estaba muy apurado. El recurrente no se atrevió a abandonar la labor. Continuó en su trabajo habitual los días que siguieron pero la mano se le hinchaba y le sangraba, sentía mucho dolor al usar la pala y no le sanaba la lesión sino que se le ponía peor. En vista de ello buscó asistencia médica en el Hospital de Aguirre donde la empresa atendía a sus obreros. Estuvo por algún tiempo recibiendo curaciones en la mano cada dos días aunque continuaba trabajando en esa condición, hasta que finalmente se incapacitó.NOTA1

*391 El Dr. Enrique Acevedo declaró que en 26 de mayo de 1959 vio al recurrente y le trató un callo infectado en su mano derecha. Ese día le desinfectó el callo, lo curó y le administró antibióticos. El recurrente siguió tratándose y trabajando. En 29 de julio de 1959, en vista de que la condición no mejoraba ni sanaba le extirpó el callo. Días después, el 3 de agosto, le extendió al obrero un certificado de incapacidad temporal. Finalmente, en octubre 17 de 1959 el recurrente fue referido a la Clínica Oncológica al verse que la lesión de la mano persistía. Declaró el Dr. Acevedo que según el récord clínico del hospital, con anterioridad al 21 de marzo de 1959 el recurrente había sido tratado en enero de 1955 de un furúnculo o abceso benigno en el hombro izquierdo; en diciembre de 1955 se le atendió de una gastritis y se le volvió a atender en enero de 1958, en que el obrero alegaba falta de apetito solamente. Del historial clínico no aparecía ni en él se demostraba que antes de ese 21 de marzo el obrero padeciera de la mano.

**2 El Fondo del Seguro del Estado presentó el testimonio del Dr. Hamlet Hazim, Director de la Clínica Oncológica de Ponce. Declaró que el 18 de diciembre de 1959 vio al obrero recurrente quien traía un historial de desarrollo de una ulceración entre los dedos en el término de 8 meses. Le tomó una biopsia y diagnosticó un caso de cáncer de la piel con metástasis a los ganglios axilares. Poco después al recurrente se le amputó todo su brazo derecho.

Expuso el Dr. Hazim a preguntas del Fondo que las características del cáncer de la piel pueden ser o una tumoración o una ulceración; que la del obrero estaba en una etapa avanzada porque ya había producido metástasis; que era imposible decir qué tiempo se había podido tomar al encontrarse ya la enfermedad en esa etapa, pero que el cáncer de la piel presentaba el crecimiento más lento de todo cáncer por lo cual da tiempo a diagnosticarlo y curarlo; que muy rara vez el cáncer de la piel produce metástasis; que la *392 probabilidad era que la enfermedad del recurrente tuviera más de 8 meses, aproximadamente de uno a dos años; que el obrero podría haber tenido antes de los 8 meses una lesión maligna en el sitio en que él alegaba y que el trauma hubiera sido encima de la lesión.NOTA2 Refiriéndose al trauma en el corte de caña ese día 21 de marzo de 1959:–

(Fondo) ‘¿Podría decirse ese trauma único descrito aquí por el reclamante– a preguntas de esta abogada dijo que era la única vez en su vida que había cortado, caña, tenía sus manos bien; que nunca había tenido esa bolsa en esa mano–pudo producir el tipo de cáncer que se encontró?

[Objeción.]

Sr. Comisionado:

… La pregunta es si una lesión de esa naturaleza se pudo originar o iniciar el 29 de marzo de 1959.

Dr. Hazim:

Ese día único no. Es inaceptable que el cáncer se desarrollara después de un trauma único solo.

Sr. Comisionado:

¿Que causa el cáncer, doctor?

R. No sabemos cual es la causa etiológica. Podemos saber los factores etiológicos que ayudan al tumor del cáncer pero qué ha podido causarlo no sabemos.

P. ¿Una herida causa cáncer?

R. No una herida, trauma único.‘

A preguntas del abogado del recurrente el Dr. Hazim siguió declarando:

Lcdo. Freyre:

‘…¿Cuando usted examinó a ese señor por primera vez notó que en la ulceración que usted dice que tenía que él hubiese sido objeto anteriormente de una biopsia?

*393 R.No.

P. ¿Una repetición de traumas, pequeños traumatismos, pueden traerle la ulceración?

R. Eso sí.

P. Doctor, ¿qué es un trauma?

R. Un daño que se le ocasiona al tejido.

P. Doctor, para terminar, ¿una irritación constante, por tiempo indefinido, puede traer un cáncer?

**3 R. Sí, señor.

P. Doctor, ¿se conocen las causas del cáncer?

R. No.

P. ¿La histogénica granuloma del cáncer?

R. Las cosas externas eso sí lo conocemos. Ahora, lo que lo produce es lo que no conocemos.

P. ¿Esta clase de cáncer que tiene este señor cómo se reproduce en el cuerpo humano?

R. El cáncer de la piel muy rara vez produce metástasis, es extremadamente raro, y cuando la produce las células malignas se transportan por los vasos linfáticos y van a meterse en los ganglios linfáticos, viajan por el canal linfático y forman otro tumor en la axila derecha.

P. Resumiendo, doctor, usted oyó la prueba desfilada en la mañana de hoy ante este honorable Tribunal. Una persona que se hace una laceración en una mano; que esa laceración hincha la mano, revienta la ampolla o herida, sangra; que continuamente durante tres meses largos continúa esa persona usando su mano con un instrumento de trabajo violento….

(Fondo)

Objeción. Trabajando violento.

(Sr. Comisionado):

Con lugar la objeción. En su trabajo usual.*394 (Lcdo.Freyre):

Su trabajo usual de riego en la caña. Si esa irritación durante ese tiempo, ¿ hay conocimiento médico a esas alturas que se pueda decir que originó la formación cancerosa para ese obrero?

R. Como ya dije antes, hasta ahora científicamente no se ha aceptado que un trauma único produzca cáncer. Definitivamente no.

P. ¿Pero también lo hay de una irritación sobre ese trauma?

R. Irritación contínua puede producir cáncer, irritación contínua y crónica.‘

El Fondo trató de probar con el testimonio del mayordomo de riego que ese día 21 de marzo de 1959 no ocurrió el hecho de que al obrero lo pusieran a cortar caña ni tampoco el hecho de la lesión de su mano en dicha actividad. La Comisión obviamente no dio crédito a esta prueba por cuanto en sus conclusiones determinó que esos hechos habían ocurrido. En realidad no procedía otra conclusión ante la prueba preponderante del obrero sobre la ocurrencia de esos hechos. También trató el Fondo de probar con dicho testigo que el recurrente padecía de esa mano y que ya desde el año 1954 en ocasiones el testigo lo veía usando un vendaje en la misma. La evidencia fue abiertamente contradictoria en este particular y la Comisión no hizo conclusión específica de hecho en uno u otro sentido.

La negativa de la Comisión a compensar este caso se basó en las breves conclusiones que a continuación se reproducen:

‘Es un principio sentado ya por la jurisprudencia que el obrero que reclama compensación por un accidente del trabajo debe probar que el alegado accidente fue la causa próxima de su incapacidad.

‘A nuestro juicio, ni la prueba de hechos ni la prueba médica sostiene en lo más mínimo la teoría del reclamante.

**4 ‘Las declaraciones de los Dres. Acevedo y Hazim nos dicen a las claras que este obrero padecía ya, antes del alegado accidente, de una condición cancerosa de su mano derecha y que la misma era tan vieja que ya había *395 producido metástasis lo cual es poco frecuente en cáncer de la piel, y que de haber el obrero sufrido el alegado accidente del trabajo, en nada determinó la condición cancerosa que padecía, pues ni la inició ni la agravó.‘

Debe observarse en torno a esas conclusiones que el Dr. Acevedo no se expresó en cuanto a cáncer. Para él la lesión era un callo infectado y así la trató. Y del testimonio del Dr. Hazim traído por el Fondo no surge de modo afirmativo en el récord ni por razonable inferencia que el trauma del obrero en el corte de caña no agravara una condición cancerosa de la piel que probablemente podría ya existir según su testimonio; o no acelerara el proceso de metástasis precipitándose así, con la transportación de células malignas a la axila, el advenimiento de la incapacidad del obrero en el trabajo por la amputación total de su brazo. Por el contrario, si como afirmó el Dr. Hazim el cáncer de la piel es de un gran lento desarrollo y crecimiento, y muy rara vez produce metástasis, a la luz de todos los hechos en el récord una inferencia racional de su testimonio mas bien tendería a ser en sentido opuesto a la anterior conclusión sobre inexistencia de agravamiento. Aparte de estas observaciones, la prueba pericial médica evaluada a la luz de los demás elementos de juicio en el récord no ofrece una solución tan simple a la cuestión litigiosa como le pareció a la Comisión,–bajo criterios de compensación en la esfera del accidente del trabajo,–en la determinación del derecho del recurrente a ser compensado por la incapacidad aquí envuelta.

El Art. 2 de la Ley de Compensaciones por Accidentes del Trabajo,–Ley Núm. 45 de 1935,–hace aplicables sus disposiciones a todos los obreros cubiertos por dicha Ley, que sufran lesiones o se inutilicen, o que pierdan la vida por accidentes que provengan de cualquier acto o función inherente a su trabajo o empleo y que ocurran en el curso de éste, y como consecuencia del mismo o…. Bajo el concepto más evolucionado hoy imperante del accidente del trabajo, que ya no descansa necesaria y únicamente en la existencia de aquel *396 evento externo, súbito o imprevisto en el curso del empleo capaz de precisarse en tiempo y lugar, sino que puede ser también la lesión o efecto no esperados o sorprendentes producto de un acto realizado en circunstancias usuales y ordinarias de trabajo,NOTA3 el trauma recibido en su mano ese día 21 de marzo o daño ocasionado al tejido–según definiera el concepto el Dr. Hazim– constituyó para el recurrente, no acostumbrado a cortar caña y que como él dijera tenía sus manos blanditas para ese tipo de tarea, una lesión por accidente de su trabajo y en el curso de éste, aun cuando aquella misma labor de corte no produjera lesiones parecidas a otros obreros acostumbrados a ella.

**5 El problema un tanto más complicado que presenta este caso surge cuando hay que determinar si la amputación del brazo del obrero creándosele una incapacidad permanente que de otro modo no hubiera existido a pesar de la lesión o trauma, fue o no el resultado de esa lesión o trauma; o si la amputación tuvo o no relación causal con dicha lesión; y en último extremo, a tenor de la norma de ley que contiene el referido Art. 2 para la solución de este tipo de controversias litigiosas, el determinar si el récord, tomándolo en conjunto con todas las circunstancias y elementos de juicio presentes, ofrece bajo toda consideración racional posible un estado de absoluta inexistencia de relación causal entre el trabajo del obrero y la incapacidad sufrida por él que justifique un fallo denegatorio de compensación.

En materia de cáncer la medicina no reconoce ni acepta el trauma como productor de esa enfermedad. Desconoce sus causas, pero sostiene un criterio firme de que cualesquiera que éstas fueren serán de orden *397 patológico. Concede, sin embargo, aunque con alguna renuencia, que el trauma puede ser un factor a tomarse en cuenta en la agravación del tumor o en su expansión y crecimiento, y en la aceleración del proceso de metástasis.

A pesar de la opinión médica y su negativa a encontrar causalidad entre el trauma y el cáncer, excepto quizás en el caso de irritaciones crónicas causadas por un agente, los tribunales han otorgado y siguen otorgando resarcimiento,– tanto en el área general de los daños y perjuicios como en la más particular de la compensación por accidentes del trabajo, –en casos de traumas seguidos de enfermedad, incapacidad o muerte de cáncer cuando han creído encontrar en el orden sucesivo de los hechos y circunstancias llamados a ser justipreciados, una relación causal entre el trauma, y la enfermedad, incapacidad o muerte de cáncer, con algún sentido lógico y racional de probabilidad. Si no con tanta frecuencia han achacado las cortes a trauma el origen de un cáncer al que sucede una incapacidad o la muerte desconocidas como son las causas de esta anormalidad en el organismo,–y hay decisiones en ese sentido a pesar del criterio médico,–con mucha frecuencia sí han considerado los tribunales el trauma como elemento o factor de agravación y de aceleración del mal o como factor en la aceleración de un proceso agravatorio de metástasis que lleva el tumor a otros lugares, todo ello para mayor precipitación de una incapacidad o de la muerte. El que las cortes no se hayan regido indefectiblemente por el criterio médico en casos de traumas, y la sucesiva enfermedad, incapacidad o muerte de cáncer, responde a la bien conocida posición de desigualdad de enfoque que vienen obligados a asumir el médico dentro de las disciplinas de su ciencia y el juzgador u organismo adjudicador del derecho de las partes en una controversia de tipo legal, sobre el concepto de causalidad entre esos eventos. De este diverso enfoque de relación causal con respecto al *398 fallo de controversias legales de esta índole tuvimos ya ocasión de decir algo en Feliciano Figueroa v. Comisión Industrial, 84 D.P.R. 196 (1961), pág. 213 y sgtes. y en Vda. de Meléndez v. Comisión Industrial, 85 D.P.R. 58 (1962). Véase la discusión del tema en Lawyer’s Medical Cyclopedia, Vol. 5 (1960), Capítulo ‘Cancer and the Law‘, pág. 469, especialmente la exposición bajo los tópicos ‘Trauma as Cause of Cancer‘, pág. 484 y sgtes. y ‘Trauma and Cancer‘, págs. 492 a 541; Henry H. Kessler, ‘Accidental Injuries; The Medico-Legal Aspects on Workmen’s Compensation and Public Liability‘ (1941) bajo el tópico ‘Trauma and Malignancy‘, págs. 564-573, particularmente los postulados que se exponen a la pág. 567. Como algo bastante ilustrativo del tema véase también la presentación del mismo que nos ofrece en forma desapasionada pero muy objetiva, el Profesor Ben F. Small en su documentado trabajo ‘Gaffing at a thing called Cause: Medico-Legal Conflicts in the Concept of Causation ‘ (1953), publicado en 31 Texas L. Rev., págs. 630 a 659.NOTA4

**6 *399 Engeneral los tribunales le han concedido compensación a obreros que luego de haber sufrido un trauma en determinado sitio de su cuerpo se les ha *400 manifestado o desarrollado una condición cancerosa que con anterioridad al trauma, si es que existía, no era apreciable. En tales situaciones se ha señalado como factores determinativos para conceder compensación el hecho de que con anterioridad al trauma el obrero gozaba de buena salud y acudía diariamente al trabajo sin ningún síntoma indicativo de la existencia de cáncer; que con posterioridad al trauma la salud del obrero y su condición *401 física se han deteriorado y que el cáncer surgió o se ha localizado allí donde se sufrió el trauma. Ilustrativo de la consideración que se da a estos factores es el caso de Sepesi v. Pittsburg (Pa.) 174 Atl. 590 (1934). Aquí, un obrero que tenía una dolencia en el labio inferior recibió un trauma en dicho sitio. Luego del golpe el labio se fue empeorando y al cabo de algún tiempo se le diagnosticó cáncer. Confirmado la compensación concedida administrativamente al obrero la corte recalcó los factores ya mencionados como determinantes del fallo. En éste, como en muchos otros casos, los tribunales han tomado en consideración el hecho de que siendo el cáncer una enfermedad de causa desconocida no puede exigirse a un reclamante o a un obrero que establezca categóricamente una relación causal entre el trauma y la presentación o el desarrollo del tumor. La compensación, han dicho las cortes, puede ser sustentada en inferencias lógicas y en probabilidades, particularmente con relación a enfermedades o padecimientos en que la propia ciencia médica puede estar en desacuerdo.

En Voorhees v. Smith Schoonmaker Co., 92 Atl. 280 (1914) el obrero era cortador de madera en un trabajo que requería que ejerciera presión con su estómago. En medio del trabajo sufrió un fuerte dolor que le obligó a suspender la labor. Se demostró que había una peladura grande en el abdomen donde se hacía la presión con los postes. A los dos días murió a consecuencia de un cáncer. Concediendo compensación la Corte Suprema de Nueva Jersey señala el hecho de que el obrero realizaba el trabajo ordinario que resultaba demasiado fuerte para su condición enferma, y expresó: ‘De modo que aun cuando el fallecido padecía de un cáncer interno, era enteramente de la incumbencia de la corte hallar que la causa próxima de la muerte fue la presión fuerte ejercida sobre órganos debilitados por la enfermedad, que a no ser por el esfuerzo extraordinario hubieran podido resistir por un período considerable.‘

*402 Mientrasdesempeñaba sus labores el capataz de una finca sufrió un fuerte dolor en el lado derecho del cuerpo. Se le recluyó por algún tiempo; fue dado de alta y volvió a su trabajo recibiendo tratamiento ambulatorio y aparentemente en buen estado de salud. Al levantar un pedazo de hierro se le torció la pierna y experimentó un fuerte dolor. Se le llevó al médico. Como su condición no mejoraba se le practicó una biopsia y se encontró una condición cancerosa en el riñón con metástasis en la pierna. Atacándose una compensación concedida al obrero a base de que la prueba médica no era suficiente y sólo ofrecía conjeturas y probilidades, la Corte Suprema de Nuevo Méjico en White v. Valley Land Co., 322 P.2d 707 (1957), sostuvo que en casos de compensaciones a obreros el veredicto puede estar sustentado en probabilidades, máxime en los casos de accidentes del trabajo en que la ley merece una interpretación liberal a favor del trabajador. Si bien es necesario establecer una relación causal, la misma no tiene que ser imprescindiblemente a base de testimonio médico. Éste, aunque deseable, no es el único determinante. Aplicando la norma de ‘la sucesión de eventos‘ se decidió que los hechos eran suficientes para establecer causa, y refiriéndose particularmente al cáncer, se dijo que siendo desconocida su causa nunca sería posible conceder una compensación si la misma dependiera de una afirmación positiva de que hay conexión entre el trauma y el desarrollo del cáncer.

**7 En Southern S.S. Co. v. Norton, 41 F.Supp. 103 (1940), el obrero recibió un golpe en la región dorso lumbar. Se le hospitalizó bajo tratamiento y su condición de salud empeoró muriendo de cáncer en el pulmón. Hubo testimonio médico al efecto de que el cáncer existía al momento de recibirse el trauma y que de cualquier manera le hubiese causado la muerte al obrero. Sosteniendo la compensación concedida a su viuda la corte señala que era lógico deducir que si el obrero no tenía cáncer al lesionarse, el trauma se lo produjo y si lo tenía, podía inferirse que lo agravó.

*403 En Boyd v. Young, 246 S.W.2d 10 (1951), al levantar una caja el obrero sufrió un fuerte dolor en la espalda. Fue referido a tratamiento médico y al ser operado se descubrió la existencia de un cáncer en la base del cuello. Se alegó que el trauma había acelerado la condición cancerosa. La Corte Suprema de Tennessee señala que lo determinante no era considerar si el paciente hubiera muerto tarde o temprano debido a su condición cancerosa previa. Sostuvo que el caso era compensable como accidente del trabajo y que el accidente agravó o aceleró esa condición. Cuando puede deducirse que el accidente contribuye a la muerte, es compensable aunque el obrero padeciera de una enfermedad seria. En este caso se dio importancia al hecho de que el cáncer existía en el mismo lugar en que se recibió el trauma.

La Corte Suprema de Idaho en Branson v. Firemen’s Retirement Fund, 312 P.2d 1037 (1957), un caso en que el obrero se lesionó la rodilla y a los seis años se descubrió el cáncer en el mismo lugar y murió seis meses después, y la Comisión Industrial denegó compensación, revocando el fallo halló causalidad en el hecho de que el tumor surgió en el mismo sitio en que se había sufrido la lesión.

Al levantar una viga de acero un obrero sufrió una torcedura en la espalda. Su condición empeoró y los exámenes determinaron que existía un tumor canceroso en el lado derecho de la misma. Sosteniendo la compensación la Corte Suprema de Illinois en Ralph H. Simpson Co. v. Industrial Commission, 169 N.E. 225 (1929), señala que con anterioridad al trauma éste era un obrero fuerte y vigoroso, lo que no siguió siendo así después de la lesión, y sostiene la compensación como accidente del trabajo ya fuera el caso que el cáncer existiera con anterioridad y se agravara con el trauma o ya el trauma causara el cáncer.

Y en Pixley v. Employers’ Mutual Liability Ins. Co., 102 So.2d 113 (1958), la Corte de Apelaciones de Louisiana compensó a una obrera que realizando *404 funciones que no eran las de su empleo con conocimiento del patrono, recibió un golpe en el pecho y luego se determinó que padecía de un tumor canceroso en el seno derecho. Se compensó a base de agravación de esa condición cancerosa previa. Confirmando el fallo no obstante el testimonio médico encaminado a establecer que el golpe no tuvo el efecto de agravar su condición cancerosa por razón de que el tumor estaba ya bien desarrollado, expresó la Corte respecto a ese testimonio médico que en materia de cáncer los propios médicos están en desacuerdo desconociéndose las causas del mismo y la relación del trauma en el desarrollo de una condición cancerosa, y el testimonio médico debe evaluarse tomándose ese hecho en consideración. Puntualizó que con anterioridad al accidente la reclamante se veía en buenas condiciones de salud y asistía diariamente al trabajo sin ningún síntoma de enfermedad, y fue luego de sufrir el trauma en la región donde había el cáncer que se operó en ella un cambio en su condición física que empeoró después del accidente. Y véanse Shaw v. Owl, 40 P.2d 588 (1935); Lee v. Blessing, 41 A.2d 337 (1945); United States Fidelity v. Youngmans, 176 S.E. 808 (1943); Miami Coal Co. v. Luce, 131 N.E. 824 (1921) y Tatman v. Provincial Homes, 382 P.2d 573 (1963). Hasta aquí algunas decisiones ilustrativas.

**8 Con las anteriores normas y precedentes judiciales de buena aceptación como guía, no tenemos que resolver afirmativamente en el caso de autos distinto a la opinión médica, como no tenía tampoco que resolverlo la Comisión recurrida, que el trauma que sufrió el recurrente cortando caña originó o fue el productor del cáncer de la piel en su mano que en breve tiempo le incapacitó. No hay inconveniente en aceptar el hecho, por el testimonio del Dr. Hazim, que el recurrente pudo haber tenido ya una condición de neoplasia en el lugar de la lesión, estuviere esa condición cancerosa desarrollada como intentó probar el Fondo o ya fuera imperceptible o de difícil *405 apreciación a simple vista como por otra parte trato de demostrar la prueba del recurrente al efecto de que él no padecía de esa mano. Pero siguiendo la norma lógica y realista de ‘la sucesión de eventos‘, tan aplicada en estas situaciones, la prueba en conjunto conduce al hecho y permite una conclusión racional de que existió la probabilidad de que el trauma agravara esa condición de neoplasia, aumentara su crecimiento y acelerara el proceso de metástasis que precipitó la incapacidad por el movimiento de células malignas a la axila que obligó a amputar. La propia prueba médica en el récord nos permite concluir que hay algo más que una mera probabilidad.NOTA5

*406 Sicomo dijo el Dr. Hazim la condición cancerosa se remontaba a un período anterior a la fecha del trauma, y sin embargo aparentemente no era perceptible y el obrero trabajaba y no tenía impedimento alguno en su mano que le impidiera la labor o se la hiciera dolorosa hasta que no pudo más, y si como dijo también el Dr. Hazim, el cáncer de la piel es de crecimiento muy lento y muy rara vez produce metástasis, no es difícil concluir que el efecto del trauma tuvo que haber alterado un proceso canceroso que de otro modo hubiera seguido muy lento e imperceptible y sin la producción de la metástasis agravante. De todos modos, tomando en conjunto todos los hechos y circunstancias en el récord no puede concluirse, a tono con el espíritu reparador en que hay que resolver este tipo de casos, que del récord surge bajo toda apreciación posible de los hechos una absoluta y clara inexistencia de causalidad entre el trauma de este obrero y el agravamiento o aceleración de la ulceración cancerosa o el desarrollo de una metástasis de ordinario rara en este tipo de tumor. El récord demuestra que el recurrente, en los sesenta años de edad, llevaba cuarenta años de casado manteniendo un hogar con doce hijos procreados, de los cuales ocho vivían al incapacitarse.

Una vez que hemos llegado a las anteriores conclusiones a base de los *407 hechos, el mandato legislativo del propio Art. 2, adicionado a la Ley en 1957 nos obliga, como igualmente obliga a los organismos administrativos Fondo del Seguro del Estado y Comisión Industrial, a usar en favor del obrero el beneficio de cualquier duda razonable en cuanto a la existencia de relación causal entre el trabajo del obrero y su incapacidad. Ya tuvimos también ocasión de exponer el alcance de esa norma legislativa en los de Feliciano y Vda. de Meléndez, antes citados. Esta norma, que en gran parte codifica la expresión judicial general, es sabia. Los fines y propósitos de esta legislación social protectora del obrero con frecuencia quedarían frustrados si un trabajador, con las limitaciones inherentes a su condición de litigante sin disponer fácilmente en la mayoría de las situaciones de los medios técnicos para ello, se viera obligado a probar con exactitud científica la causa médica de una incapacidad o de la muerte, en un área de actividad en que la propia ciencia médica muchas veces no podría fijarla tampoco con precisión. No ha querido el Legislador que el derecho de un obrero a tener protección por accidentes del trabajo se diluya en el torbellino de la discusión, la conjetura o hasta de la especulación científica sobre causas etiológicas, en donde pueden haber factores desconocidos, criterios discrepantes o teorías que aceptadas o repudiadas hoy pueden no serlo así mañana. La norma legislativa quiere decir que si en la aplicación de la Ley los hechos, circunstancias y todos los elementos de juicio, entre ellos ‘la sucesión de eventos‘ y el sentido común, el récord no demuestra de manera convincente y sin lugar a dudas que no existe una relación de causalidad entre el trabajo del obrero y su incapacidad o muerte, se produce un estado de duda razonable que requiere compensar.

**9 Hay que tener presente que estos problemas en que existe un interés social envuelto en adición al de las partes mismas deben tratarse, tanto en el nivel administrativo como en el judicial, con aquel grado de objetividad y *408 realismo que conduzca a que se cumplan los fines humanitarios de la legislación. El precio de este interés social debe recaer sobre la comunidad, ya como empresa contribuyente directa al fondo social, que bajo la legislación más reciente contribuye en mayor escala dentro del presente concepto más abarcador de patrono, o ya como un contribuyente indirecto en el costo del producto que paga como consumidor. La carga de la incapacidad o de la muerte no debe recaer sólo sobre el hombro del obrero o de sus dependientes.

El Fondo nos ha sometido este caso en un breve escrito invocando nuestra decisión en Vda. de Salazar v. Admor. Fondo del Estado, 76 D.P.R. 108. Esta decisión no resuelve el caso de autos ni le es aplicable. En Salazar se resolvió que no había ocurrido un accidente del trabajo con la exposición a rayos X, y no estando el cáncer entre las enfermedades ocupacionales sujetas a compensación, se denegó ésta.NOTA6 En el presente caso, distinto a Salazar, hemos resuelto que existió un accidente del trabajo, y no se está resolviendo bajo las disposiciones de la Ley referentes a compensación por enfermedades ocupacionales.

Por las consideraciones expuestas, se revoca la Resolución de la Comisión Industrial de 1 de noviembre de 1962 denegatoria de compensación, se declara compensable la incapacidad del recurrente, y se devolverán los autos para procedimientos ulteriores compatibles con lo aquí dispuesto.

NOTA1. Entre los fundamentos que adujo el Fondo para negarse a compensar expuso que en la hipótesis no aceptada de que se tratase de un accidente del trabajo, el obrero tampoco tenía derecho a recibir compensación por haberse presentado a tratamiento médico al Fondo tardíamente. La Comisión demandada no hizo pronunciamiento alguno en cuanto a este fundamento y posiblemente no le impresionó. A nosotros no nos convence a la luz del récord. El recurrente informó a sus superiores de la lesión recibida y éstos, resolviendo por su cuenta que la misma carecía de importancia o por cualquier otra razón, aparentemente no dieron curso al asunto. Por otra parte, el obrero recibió tratamiento del Dr. Enrique Acevedo en el Hospital de Aguirre donde el Fondo del Seguro del Estado tenía un dispensario a cargo parcialmente del propio Dr. Acevedo como médico de la compañía para atender casos del Fondo.

NOTA2. Desde la lesión en el corte de caña hasta el examen y diagnóstico de cáncer transcurrieron 9 meses.

NOTA3. Vda. de Fernández v. Comisión, 85 D.P.R. 298 (1962); Viuda de Salazar v. Admor. Fondo del Estado, 76 D.P.R. 108 (1954); Grays Hatchery and Poultry Farms v. Stevens, 81 A.2d 322; Neylon v. Ford Motor Co., 91 A.2d 569; Derby v. Swift and Co., 49 S.E.2d 417; Young v. Western Furniture, 164 N.W. 712; Larson, Workmen’s Compensation Law, Vol. 1, sec. 12.20 et seq.; Neb. L. Rev., Vol. 41, págs. 101 y sgtes. (1962); Vol. 43, pág. 27 y sgtes. (dic. 1963).

NOTA4. Por vía de ilustración exponemos en parte algunos de los conceptos que recoge y resume el Profesor Small apoyado en autoridades médicas y legales, particularmente en relación con el trauma y el cáncer. Por ejemplo, comenta el autor que aún hoy la causa médica del cáncer es poco más que una conjetura del médico. A qué se debe que el desorden celular se mantenga en estado latente o se active, constituye un misterio; o porqué se rompe el equilibrio de célula con célula en un crecimiento anormal. Con respecto al trauma y el cáncer apunta que es ahí donde surge la principal desavenencia entre los criterios médicos y el enfoque legal en cuanto a causalidad entre una cosa y la otra, excepto cuando se trata de irritaciones crónicas. En su concepto usual patológico, el médico le concede poco al trauma o lo rechaza como origen o productor de cáncer, si bien reconoce en algo el factor trauma en la agravación o aceleración de neoplasias existentes. Admite que el trauma y las complicaciones que produce pueden ayudar a que un tumor pierda sus resistencias y puede ayudar a su crecimiento y desarrollo aumentando su ritmo de progreso. Pero explica también que un tumor maligno nunca se mantiene estático y tiende a ponerse peor. Que el factor de agravación es inherente a la enfermedad misma al igual que la aceleración. Parecida cosa ocurre con el proceso de metástasis en que el médico concede al trauma alguna relación con la liberación en un principio de las células malignas, y menciona el trauma al referirse a la localización y crecimiento de esas células después de su liberación. No obstante, el médico se manifiesta en forma escéptica en ambas situaciones y entiende que la metástasis es enteramente normal en ciertas etapas. Admite que el trauma puede ayudar a preparar la escena para un segundo crecimiento pero que otros factores, generalmente aún desconocidos, determinan la localización de la metástasis…. Si bien las diferencias de criterio en el orden causal se manifiestan en todo el campo de los daños y perjuicios, (Torts), en el área de la compensación a obreros la brecha se abre aún más ya que aquí la relación causal varía un tanto, a tenor con el criterio de causalidad menos exigente en casos de accidentes del trabajo.

Comenta el Profesor Small, con amplia cita de autoridades, que las cortes han sido muy liberales a favor de un reclamante cuando éste puede demostrar que sufrió un trauma o lesión en el mismo sitio o muy cerca del sitio de la localización del cáncer. Si esa proximidad existe, parece importar poco el hecho de que se reclame por un viejo tumor agravado o por un nuevo tumor originado…. Aún contra el criterio médico que niega el trauma como productor, las cortes han concedido compensación cuando el sitio del trauma y el sitio del tumor coinciden. Estos casos prevalecen, y la norma aceptada parece ser que si un demandante prueba un cáncer nuevo o viejo en el punto de un trauma anterior, de ordinario las cortes le compensan. Han compensado también cuando se trata de un cáncer en un órgano interno del cuerpo y ha habido trauma, por ejemplo, se ha decidido que la torcedura de un tobillo ha agravado un cáncer del estómago, una espalda lesionada ha agravado un cáncer del cerebro y del testículo, y una mano quemada ha agravado un cáncer del páncreas o una explosión un cáncer en la mandíbula. Cuando ha habido metástasis, el factor de la distancia entre el lugar del cáncer y el sitio del trauma por sí mismo no elimina la relación entre ambos…. Al médico le es difícil separar su concepto de relación causal del etiológico; ambos son para él la explicación patológica de la enfermedad. Aun cuando no pueda identificar la causa etiológica productora del cáncer, la considera siempre como una de carácter patológico. Reconoce la intervención de algunos otros factores, el trauma entre ellos, y reconoce que un historial de trauma ha precedido comunmente a un alto número de tumores cancerosos. Admite que el trauma puede influir en la agravación, acelerar el proceso de metástasis y puede tener una influencia en la activación de áreas de predisposición a la neoplasia previamente desconocidas. Están más prestos a aceptar criterios de activación de anormalidades físicas inherentes en vista de su propia experiencia en cuanto a la naturaleza susceptible de esas anormalidades, como en el caso de peladuras, magulladuras, manchas o lunares, pequeños tumores y crecimientos, u organismos supernumerarios. Pero es un criterio legal ya bien afianzado que cuando un trauma del trabajo y una condición cancerosa ya agravada o ya nueva coinciden en un lugar del cuerpo, se considera el cáncer con toda probabilidad como uno que surge de un accidente del trabajo….

Presentando la posición legal del juzgador en este complejo problema de la causa, comenta el Profesor Small que en los casos en que el riesgo se conoce y se entiende el problema único es el relacionar el riesgo con la acción legal, pero en los casos de cáncer la evaluación no es tan fácil ya que en primer lugar se sabe muy poco del riesgo. En consecuencia, se hace necesaria alguna improvisación derivada de prueba circunstancial. En tal caso la prueba circunstancial es la única y ella ofrece indicios de que el trauma puede agravar un cáncer ya existente o puede acelerar su crecimiento, puede ayudar la metástasis y puede activar previas condiciones precancerosas latentes. Los informes clínicos demuestran una gran incidencia de trauma precediendo muchos casos de cáncer. Estas indicaciones evidenciarias establecen una relación entre el trauma y el cancer. El trauma es un factor de riesgo aún para los médicos. En el enfoque legal es el riesgo. Es un factor suficiente para el juzgador determinar si dicho riesgo tiene la necesaria relación con la responsabilidad de un demandado. Y en el área particular de la compensación a obreros, la proximidad de esa relación no se aminora con el concepto de causa ya que la fórmula de compensación requiere que el daño sea uno que surja de y en el curso del empleo. La compensación al obrero es un plan estatutario de responsabilidad en que el empleo absorbe el costo de todo daño que surge de su existencia. Si bien debe haber una relación entre el daño y el empleo, el requisito es uno menos exigente que en los casos ordinarios de perjuicios. No es una responsabilidad culposa y aquellas otras consideraciones morales de un deber en los casos de daños son de poca monta. No se considera la inocencia o la culpabilidad relativa de las partes, y la responsabilidad de un demandado en este campo de la compensación al obrero no descansa sobre el hecho de si su intervención en el accidente lo presenta o no como moralmente justo o injusto. Estén libres ambas partes de culpa o tengan ambas partes culpa no crea diferencia. La compensación a obreros es una responsabilidad de la empresa, una responsabilidad ocasionada que abarca todos los riesgos causados por el empleo y sus incidencias. El riesgo de daño personal está en la misma categoría que todo aquel otro riesgo general de operación que el empleo ocasiona. Es como el costo de reponer equipo. El empleo, por lo tanto, responde de una lesión cancerosa, culpa o no culpa, si el empleo ocasionó la lesión. De nuevo aparece el factor del riesgo del trauma. Si el trauma viene a ser, después de todo, un factor de riesgo a ser tomado en cuenta en el desarrollo de cáncer, el trauma que causa el empleo trae ese riesgo, por poco que sea, a consideración.

NOTA5. Horovitz, el infatigable estudiante de esta materia de la compensación por accidentes del trabajo en su reciente revisión del tema en ‘Workmen’s Compensation: Half Century of Judicial Developments‘, (1962) trabajo publicado en Neb. L. Rev., Vol. 41, pág. 1, anota a la pág. 42: — ‘Una de las desavenencias entre el médico y los tribunales toca a la relación causal (esto es ?que provengan de’) entre el trabajo o condiciones de trabajo y enfermedades de origen obscuro. La profesión médica asume la actitud que, si ellos como médicos no saben la ?causa’ de determinada enfermedad, los tribunales no pueden sostener compensaciones hechas por los administradores de compensaciones a obreros.

‘La contestación cubre un doble aspecto: (1) la precipitación, agravación o aceleración de una enfermedad debido a lesión en el trabajo o por el trabajo mismo es tan compensable como si fuera la causa original de la enfermedad. La etiología médica o el conocimiento de cual germen o virus fue responsable médicamente no interesa a un tribunal de apelación. (2) El problema ante un tribunal de apelación no es si a base de la evidencia en primera instancia los jueces tenían que haber encontrado relación causal; o si de hecho la enfermedad de origen obscuro se originó en el trabajo o en una lesión del trabajo. Los tribunales no resuelven la verdad o la falsedad de las cuestiones médicas. Tan solo deciden si, de la evidencia ante el administrador, era racionalmente posible o constituía una conclusión razonable el decidir él que existía tal conexión causal, precipitación, agravación o aceleración. En apelación, escasa o poca evidencia basta.

‘Por este razonamiento las decisiones modernas han sostenido acertadamente compensaciones que envuelven cáncer, enfermedades del corazón, esclerosis múltiple, meningitis, encefalitis, leucemia, epilepsia traumática y artritis….

‘Las cortes antiguamente requerían evidencia médica para sostener compensaciones que envolvían cuestiones médicas. Hoy en día la inmensa mayoría de los tribunales sostienen fallos compensatorios aunque no exista la más mínima evidencia médica o aunque la evidencia médica favorable sea débil, pero en que la sucesión de eventos es convincente. Así también, los tribunales confirman compensaciones donde el sentido común, la experiencia o el conocimiento indican hacia una relación que justifica la compensación del administrador, como por ejemplo, la muerte como el fin de lesiones graves, o la agravación de una hernia por un levantamiento o esfuerzo. Así pues, cuando se dio un golpe al seno de una empleada y éste tuvo que ser luego extirpado y ninguna de las partes ofreció evidencia médica, el administrador concluyó que allí había relación causal. La sucesión de eventos era convincente, y la Corte de apelación sostuvo la compensación. La corte dijo que aunque la evidencia médica hubiera ayudado, la conclusión sobre relación causal estaba justificada. Aún donde se ofrece evidencia médica por cualquiera de las partes la misma puede ser o no creída total o parcialmente. Y la mayoría de las cortes no siguen ya rindiendo culto a las palabras mágicas de ?probable’ en oposición a ?posible’. Si la lectura del récord en su totalidad lleva a la corte de apelación a estimar que las conclusiones de instancia son racionalmente posibles a tenor de la evidencia o de las inferencias derivadas de la evidencia, la compensación se confirmará.‘ (Traducción nuestra.)

NOTA6. Con posterioridad a Salazar, resuelto en 1954, por la Ley Núm. 94 de 22 de junio de 1957 se incluyó el cáncer entre las enfermedades ocupacionales, incluyendo la exposición a rayos X. Véase: Hernández Nieves v. Comisión Industrial, 90 D.P.R. 340 (1964).

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