Gines Meléndez v. A.A.A. 86 DPR 518 (1962)

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de este caso

Angel Manuel Ginés Meléndez, etc., demandantes y recurridos

v.

Autoridad de Acueductos y Alcantarillados de Puerto Rico, etc., demandados y

recurrentes.

Número: 315

Resuelto: 15 de noviembre de 1962

En El Tribunal Supremo De Puerto Rico.

Sentencia de Willis Ramos Vázquez, J. (Arecibo) declarando con lugar demanda en daños y perjuicios. Confirmada.

**1 *520 F.Fernández Cuyar, Jesús A. González, Rafael A. González, Alex González y Rafael Martínez Alvarez, Jr., abogados de los recurrentes; Angel Manuel Ciordia, abogado de los recurridos.

Sala integrada por el Juez Asociado Señor Pérez Pimentel como Presidente de Sala y los Jueces Aso-ciados Señores Rigau y Dávila.

El Juez Asociado Señor Pérez Pimentel emitió la opinión del Tribunal.

Angel Manuel Ginés Meléndez, conjuntamente con sus padres, demandó a la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados de Puerto Rico, reclamándole daños y perjuicios como consecuencia de una caída al tropezar Ginés con un contador de agua instalado por la Autoridad.

Celebrado un juicio en los méritos, el Tribunal Su-perior dictó sentencia condenando a la demandada a pagar al demandante Ginés, la suma de $8,400 más las costas y $800 para honorarios de abogado. Entre otras, dicho tribunal formuló las siguientes conclusiones de hecho:

‘3. Para esa fecha, había instalado por la Autoridad demandada frente a la tienda de Jesús Colón en el Km. 5 H 7 de la carretera que conduce de Manatí a Morovis en el barrio Barahona de Morovis, uno de esos con-tadores de agua con su tapa, en tal forma que sobre-salía del nivel de la superficie de la tierra por siete (7) pulgadas hacia la tienda y cuatro (4) pulgadas hacia la carretera.

‘4. Que el día 30 de mayo de 1959, poco antes de media noche, Angel Manuel Ginés Meléndez–quien salió de un ?florón’ con el propósito de desvelarse–fue al negocio de Jesús Colón y se tomó un refresco. En eso, José Rafael Currás– quien estaba ebrio–lo invitó a salir fuera del establecimiento y, una vez allí, trató de agredirlo con una botella. José Rafael Currás se metió al negocio y Angel Manuel Ginés Meléndez empezó a caminar hacia su automóvil, que tenía es-tacionado frente a la residencia de Jesús Colón al lado derecho entrando del negocio. Alguien le gritó que tuviese cuidado, que lo iban a herir y Angel Manuel Ginés Meléndez– que *521 entonces estaba sobre la acera situada frente al negocio y en el centro de ésta–se viró hacia donde venía José Rafael Currás con una cuchilla en la mano. Angel Manuel Ginés Melé-ndez le tiró un puntapié y José Rafael Currás se detuvo. Éste siguió hacia aquél poco a poco y Angel Rafael Ginés Meléndez comenzó a retroceder hacia su automóvil dándole siempre el frente al agresor. En eso, Angel Manuel tropezó con la caja del contador que allí mantenía la Autoridad de Acueductos y Alcantaril-lados, se cayó y recibió la fractura de la pierna dere-cha.’

Sostiene la demandada recurrente que el tribunal sentenciador erró (1) al concluir, como una conclusión de derecho, que fue la negligencia de la parte de-mandada la causa próxima del accidente, y (2) al no concluir que la violencia física entre el demandante y el señor José Rafael Currás fue una causa interventora que interrumpió la cadena de causas ya que los daños físicos sufridos por el demandante no fueron aquéllos razonablemente anticipados por la parte demandada.

**2 Los errores no fueron cometidos. No hay una regla exacta para determinar cuándo las causas de un accidente son próximas y cuándo son remotas. Cada caso debe ser resuelto tomando en consideración a sus hechos y circunstancias especiales. Andino v. Central Victoria, Inc., 57 D.P.R. 310. La instalación y man-tenimiento del contador en la forma ya descrita con-stituía una condición peligrosa. Cfr. Ramos v. Carlo, 85 D.P.R. 353 (1962). Pero la recurrente arguye que la causa próxima del accidente no fue su acto remoto de instalar y mantener el contador sobre el nivel de la tierra sino que lo fue una causa interventora (la agre-sión de un tercero al recurrido), y que es ésta la causa próxima del accidente. A este efecto argumenta así:

‘La causa próxima se define como aquella causa que en una secuencia natural y sin interrupción o sin la intervención de otra causa eficiente e independiente produce el daño por el cual se reclama. (38 American Jurisprudence–Sec. 67.) P. 721. *522 ‘Para constituir negligencia cuando dos causas se unen para producir un accidente, los daños deben ser aquellos que bajo las circunstancias pueden haber sido razonablemente anticipados por la parte demandada al momento de tomar la acción que se alega ser el causante. Deben ser una consecuencia razonable y probable del primer agente. (42 L.R.A. (NS) 480.)

‘Una causa interventora es aquélla que desaparece un mal anterior como la causa próxima del accidente rompiendo la secuencia entre el mal anterior y los daños sufridos. (66-A.L.R.-1121.)

‘En este caso, al intervenir una ocurrencia de tal fuerza, causante como lo fue el conflicto del deman-dante y su agresor, el acto cometido por la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados al instalar la alcan-tarilla se convirtió en un agente remoto, de los daños que se alegan en la demanda. Es razonable y lógico que la ley requiera responsabilidad de la causa próxima del accidente y no de aquella que se encuen-tra en una posición remota de los daños alegados. (58-L.R.A.-399.)

‘La prueba de la suficiencia de la causa interventora no es el mero hecho de su existencia sino su naturaleza y la manera en que afecta la continuidad de la oper-ación de la primera causa y la única en ella y los daños alegados. (13- A.L.R.-1268.)

‘El causante del primer acto negligente fue relevado totalmente de responsabilidad por una causa inter-ventora y eficiente cuando su negligencia fue tan solo una circunstancia de los hechos que dieron ocasión a los daños y no la causa próxima y directa del accidente. (195-S.E.-88.)

‘La causa interventora ha de ser independiente, sufi-ciente y adecuada para causar los daños resultantes. (200-E-791.)

‘La prueba es la causa interventora. Fue nueva e in-dependiente, actuando de por sí y disipando la causa primera hasta hacerla remota en la cadena de causas aunque ella sirva de condición por la cual fueron posible entre los da nos. (27-L.R.A.-583.) (24-L.R.A.-(NS)-978.) (76-L.R.A.-1280.)

**3 ‘Generalmente han resuelto que cuando las causas son independientes una de la otra ha de con-siderarse la más cerca como la causa próxima del desastre. (95-U.S.-117.)

‘Fue la pelea en la cual se encontró envuelta la parte demandante la causa *523 próxima de este accidente según se puede interpretar de las decisiones de nuestro más alto Tribunal en los casos (71-D.P.R.-485) y (55- D.P.R.-592).’ (Alegato recurrente, págs. 2 y 3.)

Una causa interventora, según expone Prosser, [NOTA1] es aquélla que participa activamente en producir el resultado después que ha ocurrido la negligencia u omisión del actor. Ordinariamente un demandado no queda relevado de responsabilidad por una causa in-terventora que razonablemente pudo ser prevista, ni por una que sea un incidente normal del riesgo creado. Por el contrario, y como principio general, un de-mandado será relevado de responsabilidad por una causa interventora imprevisible y anormal que pro-duce un resultado que no pudo ser previsto. La regla general en las jurisdicciones americanas es que el mero hecho de que haya un acto de un tercero inter-ventor, no convierte la actuación del actor en una causa remota, si éste pudo o debió haber previsto esta intervención. United States v. White, 211 F.2d 79; McEvoy v. American Pool Corp., 195 P.2d 783; Nichols v. City of Phoenix, 202 P.2d 201; Warner v. Santa Catalina Island Co., 282 P.2d 12; Atlanta Gas Light Co. v. Mills, 51 S.E.2d 705; Curtis v. Jacobson, 54 A.2d 520.

Como se dice en muchos casos, una fuerza nueva imprevisible rompe la cadena de causalidad. Así, cuando el acto voluntario de una persona responsable se interpone entre la conducta negligente del deman-dado y el daño sufrido por el demandante, el problema de previsibilidad es el mismo y puede servir de medida para determinar si la conducta del demandado es una de las causas próximas del accidente. [NOTA2]

Esta doctrina de la previsibilidad, la hemos seguido en nuestra jurisdicción. Colón v. Shell, 55 D.P.R. 592; Baralt et al. v. E.L.A., 83 D.P.R. 277.

Claro está, tendríamos que exonerar de responsa-bilidad a la demandada si *524 aceptamos su argu-mento de que a ella ‘Le era imposible preveer la condición peligrosa en la cual se encontró la parte demandante’. Pero la regla de anticipar el riesgo no se limita a que el riesgo preciso o las consecuencias exactas arrostradas debieron ser previstas. Lo esencial es que se tenga el deber de prever en forma general consecuencias de determinada clase. No es defensa alegar que no se pudo prever el curso preciso o toda la extensión de las consecuencias, siendo de esa clase, que como cuestión de hecho, ocurrieron. 2 Harper and James, The Law of Torts, pág. 1147.

En Moore v. St. Louis Southwestern Railway Com-pany, 301 S.W.2d 395, citando el de Gaines v. Prop-erty Servicing Co., 276 S.W.2d 169, se expone la ley en la siguiente forma:

**4 ‘… La regla general es que si el demandado es negligente y su negligencia se combina con la de otro o con cualquier otra causa interventora independiente, él es responsable, aunque su negligencia no sea la única negligencia o la única causa próxima y aunque su negligencia no produjera el daño a no ser por la causa interventora independiente. (Citas.) Y la regla es además que si el acto o la omisión inicial es uno cuyas consecuencias naturales, probables y previsibles son la inflicción de un daño, entonces el que ejecutó el acto o incurrió en la negligencia original es respon-sable, a pesar de que otras causas, condiciones o agencias intervinieron entre su negligencia y el re-sultado final…..’

En otras palabras, un demandado es responsable si su negligencia es una causa próxima del daño aunque no sea la única causa próxima de tal daño. Caldwell v. St. Louis Public Service Company, 275 S.W.2d 288; Boyd v. Terminal Railroad Ass’n of St. Louis, 289 S.W.2d 33.

Se ha sostenido además que la responsabilidad no depende de si en el ejercicio de razonable diligencia, el demandado previó o debió prever, el daño es-pecífico reclamado, pero la parte acusada de negli-gente puede ser responsable de cualquier cosa que después de completado el daño, aparezca ser una consecuencia natural y probable de su acto u omisión.

*525 Espor tanto innecesario que el demandante haya anticipado el daño específico imputádole o que haya anticipado que dicho daño iba a ocurrir en la forma precisa que ocurrió. Gaines v. Property Servicing Company, supra. De suerte que a la luz de los prin-cipios antes expuestos, el punto aquí en discusión no se limita a determinar si la demandada recurrente debió prever que el demandante iba a tropezar con el contador al verse obligado a retroceder para impedir ser agredido por otra persona. Mas bien lo que la demandada venía obligado a prever era que consti-tuyendo la instalación del contador una condición peligrosa, una de las consecuencias de su actuación podía ser que cualquiera persona tropezara con el contador, en circunstancias en que por diversas ra-zones ajenas a su voluntad, se vea imposibilitada de vigilar el sitio donde la demandada había creado una situación peligrosa. En resumen, el acto criminal de Currás no releva de responsabilidad a la demandada por los daños sufridos por el demandante al tropezar con el contador y caerse cuando (1) la demandada negligentemente creó y mantuvo una condición pe-ligrosa al instalar el contador en la forma ya dicha, y (2) la probabilidad de que por alguna razón una persona prudente tropezara con el contador y sufriera daños, y (3) la existencia de la situación peligrosa creada por la demandada, era una causa próxima del daño.

El demandante en este caso no reclamó a la deman-dada daños por las heridas que le infiriera su agresor sino los que sufrió a consecuencia de la caída al tropezar con el contador. Estimamos que consideradas todas las circunstancias envueltas, procedía la in-demnización de tales daños y al así resolverlo actuó correctamente el tribunal sentenciador. Cf. Matos v. Pabón, 63 D.P.R. 890.

**5 Se confirmará la sentencia que motiva este re-curso.

NOTA1. Prosser On Torts (2d ed.), pág. 266.

NOTA2. Véase Harper and James, The Law of Torts, T. 2., Sec. 20.5, p. 1134.

Angel Manuel Ginés Meléndez, etc., demandantes y recurridos v. Autoridad de Acueductos y Alcantaril-lados de Puerto Rico, etc., demandados y recurrentes.

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