Cuando el derecho cambia sin enmiendas

En el pasado proceso de confirmación como jueza del Tribunal Supremo federal de Sonia Sotomayor, vimos como una y otra vez , como respuesta a las críticas, ésta se apegaba un concepto simplista de un jurista, que solo lee la ley y aplica un supuesto único, ahistórico, acultural, estático y universal significado. El punto culminante de ésto fue cuando, ante una pregunta, rechazó el concepto de “constitución viviente” (living constitution). Como le comentó Louis Michael Seidman, profesor de derecho constitucional en Georgetown University, al New York Times, con sus declaraciones Sotomayor “hará que sea mucho más dificil para otros jueces hablarle al pueblo estadounidense como si fueran adultos, sobre qué actualmete hacen los Tribunales y en qué consiste el derecho constitucional”.

Lamentablemente se cedió mucho ante un discurso que presenta una visión simplista y distorcionada del derecho que, por su sobresimplificación, promueve la falta de entendimiento entre las personas no relacionadas al derecho, quienes no tienen otra alternativa que terminar pensando que los abogados y jueces son un grupo de perversos profesionales que no pierden una oportunidad para traicionar una y otra vez lo que la ley establece.

Veamos que es eso que Sotomayor negó.

El concepto de “constitución viviente” no es otra cosa que el reconocimiento de que según cambia la sociedad, cambia la forma en que se entienden los conceptos de los que habla este documento. Sus detractores dicen que es una ideología que propone un cheque en blanco a los jueces para que decidan según su opinión y no según la ley, pero esta crítica parte del supuesto de que los conceptos tienen definiciones naturales, estáticas y absolutas, con total independencia del contexto histórico y cultural de la sociedad, lo que es falso. Hay mandatos constitucionales y legales cuya generalidad requiere una interpretación que puede cambiar con el tiempo.

Interpretaciones

Ante ello, se escucha frecuentemente que, para evitar estos cambios (y eso partiendo de la premisa de que tales cambios son negativos) lo que hay que hacer es seguir un método muy sencillo: escribir leyes claras, que no sean “materia de interpretación”, para que así el juez o la jueza solo lea y aplique.

De hecho, es cierto que, en muchos casos, una ley que no es específica es, efectivamente, una ley cuya redacción es deficiente. Pero eso no siempre es así. Hay situaciones en que se requiere alguna generalidad que le provea al juez cierta discresión para formular decisiones que mejor se ajusten a lo que en ese caso específico sería lo justo. Con las constituciones ocurre esto, pues es imposible prever todas y cada una de las posibles propuestas de ley, ordenes ejecutivas o demás acciones del Estado. Por eso al generalidad de conceptos como “libertad de expresión”, “dignidad del ser humano”, “castigo cruel e inusitado”, “debido proceso de ley”, entre otros.

Significados que cambian

Y esto no es solo con el derecho constitucional. Igual ocurre, por ejemplo, con el 1207 del Código Civil de Puerto Rico (31 L.P.R.A. sec. 3372), que dice que:

“[l]os contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas y condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, a la moral, ni al orden público”.

¿Qué significa ser contrario a la moral? Se podría argumentar a favor o en contra de que la moral es siempre la misma sin importar los tiempos y la cultura. Pero en lo que no debe haber duda es que la forma en que las sociedades interpretan o entienden la moralidad cambia con el tiempo (si es para bien o para mal, si es acertadamente o desacertadamente, no viene al caso. La cuestión es que cambia). Eso es un hecho. En el caso de este artículo mencionado, hace unas décadas un contrato que discriminara injustificadamente (hay discrimenes justificados) contra algunas personas por su color o su llamada “raza”, no tendría nada de inmoral. Hoy, afortunadamente (me perdonan mis lectores del KKK) pensamos distinto. O sea, el artículo, sin cambiar su letra, tiene efectos diferentes con el pasar del tiempo, porque el derecho cambia según cambia la sociedad, aún sin enmiendas. ¿O como no podría serlo con un artículo como éste? ¿Aclarando que por “moral” es debemos entender que es la moral del siglo XIX? ¿Y si queremos que sea la moral de la actualidad, hay que enmendar la ley para que diga “moral del siglo XXI”? Totalmente absurdo.

Claro, tampoco es cuestión de abogar por una total discresión de los jueces para que estos sean una especie de tecnócratas con todos los poderes legislativos, ejecutivos y adjudicativos del Estado. En situaciones simples, donde se puedan prever una serie de consecuencias, la ley debe ser específica en sus instrucciones al juez. Pero eso depende de las circunstancias: hay situaciones en que se requiere especifidad, y otras en que se necesita generalidad.

Nota: Esta entrada  no abordó el tema desde una perspectiva de estudios culturales o giros linguísticos pues el propósito es mostrar como aún desde una perspectiva más o menos tradicional del derecho se puede demostrar y aceptar su dinamismo interpretativo como una de sus características inherentes.

Lcdo. Eugenio Martínez Rodríguez (73 Posts)

Editor de PopJuris. Creó este portal cuando era estudiante de derecho como un intento de estimular la discusión sobre el derecho más allá de entre abogad@s y estudiantes de derecho. Obtuvo su Juris Doctor en la Universidad de Puerto Rico y fue admitido al ejercicio de la abogacía por el Tribunal Supremo de Puerto Rico. Actualmente trabaja en la firma Borrás & Martínez.También coadministra el portal DerechoPR.org, una red social profesional para abogados y estudiantes de derecho en Puerto Rico.


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