Reacción a reportaje de Metro sobre consultas legales por Internet

PopJuris virao facebook

Hoy lunes 6 de marzo de 2013, el periódico Metro publicó un reportaje titulado “Polémica por consultas legales en la Internet“.  Aunque se citó a varias personas, y una dio una perspectiva positiva de la práctica, y la otra fue un tanto más neutral, parecería que el tono del artículo, empezando por el titular, era llevar el mensaje que se refleja en la cita que cierra la nota, de la Lcda. María Febus Ortiz, quien expuso que “[l]as consultas en Internet están rayando en lo antitético y no son confiables por la serie de documentos e información sensible que se maneja”. Como creador de PopJuris, un portal que lleva desde el 2009 difundiendo noticias, información y contenido jurídico dirigidos a un público general, me gustaría reaccionar al mencionado artículo.

Primero, es triste que frecuentemente se traigan a colación los canones de ética profesional, no para cumplir su propósito de velar que los abogados y abogadas cumplan con su responsabilidad de ofrecer un servicio responsable y de calidad para con sus clientes, los tribunales y la sociedad en general, sino para tratar de amordazar, intimidar y retrasar la aceptación de nuevas soluciones para viejos problemas. A veces ni se señala qué en específico podría estar violentando qué canon, solo se deja la denuncia suelta, tipo “X podría ser antitético” sin decir por qué ni cómo.

Dicho esto, pasemos específicamente al asunto de las consultas legales por Internet. Decir que las mismas “no son confiables”, así, sin más, sin matizar, y generalizando, no me parece que sea una crítica que recoja la complejidad y diversidad de las comunicaciones que son posibles vía Internet. Como todo, siempre se puede ofrecer un mal servicio por cualquier medio (incluso desde la oficina), pero eso no significa que el problema esté en el medio. El problema estaría en el profesional que ofrece una consulta poco confiable, sea en la Web, sea en la radio o sea en persona. Es perfectamente viable manejar por Internet información y documentos de una manera confidencial y privilegiada, atendiendo cada aspecto en detalle y suplementando las comunicaciones con enlaces a leyes o reglamentos o la digitalización de material impreso para ser enviado por email o fax.

En una parte del reportaje de metro se cita al profesor de Derecho Hiram Meléndez-Juarbe señalando que:

Hacer consultas en Internet añade un elemento adicional del que hay que tener un poquito más de cuidado, porque, cuando una persona se acerca a un abogado, se puede configurar una relación abogado cliente, y eso activa una serie de responsabilidades y obligaciones de parte del abogado en términos de confidencialidad  y cosas que inciden sobre esa relación.

Coincido con el profesor en su idea general de que hay que velar con sumo cuidado la posible configuración una relación abogado cliente, y no subestimar la posible responsabilidad directa o indirecta que asumimos como abgodad@s al acceder a contestar “una preguntita” que nos dejen por email, el Inbox de Facebook o en la sección de comentarios de un blog. Me parece que difiero en lo de que “Internet añade un elemento adicional” y que “hay que tener un poquito más de cuidado”. Mi opinión es que hay que tener el mismo cuidado de siempre, y tratar cada comunicación sobre un asunto jurídico que te cursen vía Internet con el mismo cuidado que se trataría una comunicación personal con alguien que te visite a la Oficina.

El problema quizás radica en que se tomen estas comunicaciones con la liviandad con que usualmente se manejan las comunicaciones en dichos medios  (por ejemplo, Facebook). Se puede caer en el error de despachar “una preguntita” por Facebook con una “oracioncita” de respuesta que no abarque la complejidad del problema de quien te requiere la información. Quizás ese “poquito más de cuidado” debe dirigirse a tener la disciplina necesaria para recordar en todo momento que si te preguntan algo “como abogado” –y no como el primo, el amigo de Universidad, el vecino o el recién conocido–, debes contestar “como abogado”, con el cuidado más alto que la profesión requiere, sea donde sea.

En lo personal, recibo múltiples preguntas por email, Facebook, mensaje de texto y otros medios. Muchas de ellas, del saque, te anuncian que vienen “por una consulta legal”. Tengo advertencias en mi portal, en Facebook y en el email de que ninguna comunicación configurará una relación abogado cliente ni una oferta para establecer la misma, pero aún así sé que posiblemente no sea suficiente. A veces sencillamente no se les puede contestar, ya sea porque “la preguntita” aparentemente simple requiere varias horas, quizás días, de investigación, o porque es imposible saber si la información que requiere esta persona para resolver su problema la contenga una simple respuesta a su pregunta. Otras veces, por el contrario, sí es posible contestar “la preguntita” responsablemente sin mucho riesgo de dejar algo importante. Por ejemplo, me escriben “¿qué formularios necesito para divorciarme por consentimiento mutuo”, y los refiero a la página de Pro Se en ramajudicial.pr.

Personalmente creo que a la sociedad le conviene poder tener acceso fácil a abogados y abogadas que puedan contestarle algunas dudas sin tener que ellos sacar un día para una cita en una oficina. Ahora bien, dicho esto, cada vez me convenzo más de que a quien no le conviene esta dinámica es a los propios abogados y abogadas. Generalmente las personas que se acercan con dudas o preguntas vía Internet no son potenciales clientes (aunque hay de todo). Si bien necesitan o desean saber algo, no necesariamente planifican pagar por un servicio relacionado con lo que preguntan. De igual forma, las comunicaciones pueden ser un poco más al grano (sin mucho chit chat, ni desarrollo de rapport alguno), por lo que hay menos oportunidad para explorar otras necesidades del clientes por la que posiblemente quieran pagar.  Y, por último, casi todo queda escrito y documentado. Contrario a las conversaciones a puerta cerrada en una oficina, con solo el cliente y el abogado o abogada presente, cualquier error, negligencia o mala orientación vía Internet potencialmente queda registrado en algún sistema, muchos de ellos de manera permanente como Facebook, donde la compañía siempre tiene una copia de la comunicación aún cuando nosotros la “borremos”. ¿Conviene entonces incurrir en ese nivel de riesgo con tan poca posible recompensa, si alguna? Desde un punto de vista de negocios, la respuesta es no. Pero aún partimos del supuesto que una profesión sea algo más que un negocio, y los propios canones de ética profesional imponen la responsabilidad de “educar al público para que éste conozca sus derechos y las maneras de hacerlos valer” lo cual incluye “participar en programas educativos, organizar y conducir seminarios y conferencias, redactar y publicar artículos legales y otras actividades similares”, Canon 3 de Ética Profesional.

No creo que desde PopJuris, o desde muchos de los otros proyectos similares de colegas hagamos otra cosa que cumplir con este canon. Hacer referencia a posibles violaciones de canones de ética, sin profundizar en la crítica y con el único efecto de dejar en el aire “la advertencia” a los que utilizan los ya no tan nuevos medios para educar, me parece que hace más daño que bien. No sé si finalmente haya colegas que opten por cerrar sus páginas o dejar de comunicar conocimientos jurídicos vía Internet a la gente. Por mi parte, voy a seguir en PopJuris… hasta que me ordenen lo contrario (si es que lo hacen).

 


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