Sobre Teoría de Adjudicación, de José Trías Monge

Una obra extremadamente interesante pero ignorada del ex juez presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico, José Trias Monge, lo es el libro Teoría de Adjudicación, texto en el que el posiblemente más aclamado de los juristas puertorriqueños se dedica a repasar toda la historia del pensamiento occidental relevante a la hora de tratar de contestar la aún y posiblemente siempre disputada pregunta de cuál debe ser el rol de la adjudicación judicial en la sociedad. Puede ser que la obra pase un poco desapercibida por su carácter monográfico, casi a modo de resumen, de corrientes filosóficas enteras. No obstante, de la mano con el resumen del pensamiento pasado nos llega la interpretación propia de Trias Monge de cada corriente, aunque, como es de esperarse, sin juicios simplistas de buenos y malos, contextualizando y resaltando los matices en cada conjunto de ideas.

Y es que el libro no puede ser de otra forma, ya que, como el propio Trias expone en la conclusión del libro, “[s]i bien ninguna teoría ha demostrado ser la única correcta, casi todas nos han legado conceptos provechosos y algunas pueden considerarse a veces más ‘ciertas’ y útiles que otras”. A mi parecer, según Trías, todo pensamiento filosófico debe ser bienvenido para el jurista, lo que no significa que todo vale, sino que se debe escudriñar todo, separar los elementos que componen cada teoría y, por trillado que suene, aprovechar lo que sea útil o “bueno” en el momento que tal cosa sea útil o buena. Si queremos ponerle etiquetas, Trías concluye el libro con lo que podríamos llamar una especie de relativismo jurídico. De hecho, no quisiera pecar de sobre interpretar sus palabras, pero incluso me parece que su relativismo va muy en sintonía con el relativismo propio del postmodernismo, y su desconfianza por las grandes narrativas. Por ejemplo, dice Trias que:

Lo que sí se desprende también de lo visto es que las grandes teorías, las más abarcadoras y ambiciosas, las más confiadas en haber acorralado la verdad, no han sido por lo general las más productoras de bien. Por el contrario, la afición al dogma, los reclamos de infalibilidad, la intolerancia que acompaña a veces la convicción de estar en lo cierto, han sido causantes de graves daños. Esto lleva a la sospecha que no deben escudriñarse las diferentes doctrinas para determinar el contenido de elemento tan disputado como la verdad, sino con el fin de precisar su relación con la época en que florecieron y su posible valor para la que nos toca vivir.

Por ello, Trias invita a adopta un “escepticismo pragmático” ante toda idea, aunque complementado con principios de derecho natural que otorguen una base, una guía sobre la cual guiar el relativismo (parece paradójico, pero Trias no habla de un relativismo absoluto, sino de un relativismo relativo, si se permite la expresión).

“El criterio fundamental” dice Trias, “es el servicio a la vida buena, el bienestar común y la aspiraciones más altas del ser humano. La validez de los valores primarios es indemostrable, pero su impresicindiblidad para el logro de una civilización es lo que le imprime legitimidad al recabo de respeto para ellos”.

En fin, es un libro sencillo este, pero que merece un espacio en nuestras bibliotecas personales.


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